martes 13 de marzo de 2012

El espacio público: de bustos y sustos.

Hace días publiqué las siguientes frases en mi muro del portadadelibro:
El espacio público es eso: público. No está hecho para preferencias personales o de grupos pequeños. Entonces, si yo no quiero un busto de León Febres Cordero, ¿por qué debo aceptar que pongan uno? Y sin embargo, siguiendo esa misma lógica, yo no debería imponer un busto del Che Guevara. Entonces, para ser perfectamente coherentes, o debemos sacar todos los bustos, estatuas o placas conmemorativas, o permitir que se pongan todos. Porque quien para unos es ídolo, para otros es demonio.
Las respuestas fueron variadas e interesantes, y seguí comentando. Lo que aquí aparece es una adaptación de aquellas palabras, lamentablemente un poco tarde por falta de tiempo. Ahora sé que luego de no pocas discusiones dejaron desembarcar al busto, aunque no dejarán que se coloque en Las Peñas. Doy antecedentes: el municipio guayaquileño pretende colocar en el tradicional barrio Las Peñas un busto en homenaje al difunto presidente y alcalde León Febres Cordero. Sin embargo, el Gobierno Central se ha opuesto (se ha dicho que no pueden hacerlo en un espacio protegido como Las Peñas, aunque parece ser según el colectivo DiablUma que no lo quieren en ningún lado). Entre dimes y diretes, a mediados de febrero el hecho derivó en vergonzosos actos violentos.  De ahí las siguientes reflexiones:

Con todo esto me acordé de que alguna vez leí que alguien protestaba por la plaza quiteña dedicada a San Josemaría. Pero esa misma persona pedía que en lugar del santo se dedique a Eloy Alfaro, que no tiene un memorial decente. Si a mí me preguntan, San Josemaría merece no sólo una plaza, sino calles y barrios enteros; mientras el "viejo luchador" bien podría caber en media página de un libro de historietas.  ¿Por qué imponer conmemoraciones a asesinos (entre otras cosas) como Eloy Alfaro, el Che Guevara, o LFC?  Al final, eso de buscar el "valor histórico y positivo" de los personajes nos dejaría con muy pocas personas (si no ninguna) a quienes rendir homenaje. Porque todos tenemos nuestras virtudes y pecados, nuestros pros y contras, nuestras bellezas y fealdades. Siendo estrictamente científicos, nadie se merece nada. Ya lo decía Jesús: "nadie es bueno sino mi Padre que está en los Cielos".  Porque quien para unos es un asesino despiadado, para otros es un héroe guerrero.

Luego, se espera que en el espacio público se atienda a principios estéticos.  Pero eso de "lindo a la vista" puede serlo para usted o para mí, pero otras personas tienen otra apreciación sobre la belleza, que no necesariamente coincidirá con la nuestra.  Si bien quienes se dedican a alguna labor estética tienen criterios más fundamentados para apreciar lo hermoso de una obra, y éstos normalmente tienden a basarse en convenciones, tampoco podemos asegurar que haya una sola escala para valorar lo agradable de una obra de arte.  Así, independientemente de que algún despistado considere que son locos empastadores, chorreadores o alucinadores, nadie puede negar la importancia del arte de van Gogh, Pollock o de Chirico.  Entonces ¿qué debe ocupar los espacios públicos?  Creo que ese es un debate muy complicado, porque no se puede alcanzar consensos en eso.  Porque lo que para unos es de una belleza que extasía, para otros es una basura que da arcadas.

Entonces -sostengo- mientras no sea una imposición individual, todo el mundo tiene derecho a un espacio en el (valga la redundancia) espacio público. Incluso asesinos como los antes nombrados, u otros tantos que ocupan hoy nuestras calles y veredas.  Por ejemplo, si yo digo que quitemos todos los nombres de calles y todas las esculturas conmemorativas y pongamos sólo a Cristo, que es el único que debería tener reconocimiento porque no cometió errores, ¿estarían de acuerdo todos? ¿Estarían de acuerdo los que adoran a Krishna o a Buda? Y eso que hay que tomar en cuenta que casi el 90% de ecuatorianos somos cristianos...  Porque lo que para unos es sagrado, para otros puede ser afrenta.

Sí, en realidad sería mejor no hacer tanto alboroto porque alguien le ponga tal o cual nombre a una calle, barrio, fundación o edificio, o le erija busto, estatua, monumento, panteón a cualesquier personajes de mayor o menor trascendencia; más bien preocuparse porque los hechos memorables se repitan, y los olvidables no se vuelvan a repetir. Ahora bien, para todo eso, habría que comenzar por una justicia justa (valga redundantemente la redundancia en la que redundo, que estoy bien redundante), una justicia que realmente señale culpables e inocentes, y no apunte dedos acusadores según intereses políticos o económicos, que eso no ha cambiado desde tiempos socialcristianos y aparentemente no cambiará, porque tampoco lo inauguraron ellos. Tortura también sigue habiendo, violencia, injusticia, abuso. Porque somos humanos y la fuerza del orden suele ser fuerza represiva. Aunque debamos reconocer que en algo está cambiando esto último.  En algo.

Tal vez LFC no merezca un busto. Tal vez Simón Bolívar, Manuela Sáenz, Eloy Alfaro, Vicente Rocafuerte tampoco los merezcan. Pero, ¿quién lo merece? A eso voy. Y cada cual vendrá aquí a despotricar contra León (que merecido lo tiene, ciertamente), y también a reconocer sus aciertos (que también los tuvo, qué duda cabe). Pero el punto es ¿realmente merece la lucha fratricida? ¿Realmente "el pueblo", así en genérico odia a LFC? Pregúntenle al pueblo de Guayaquil (y algunos de fuera también), que tuvieron que ir quiteños del DiablUma a dar su opinión (a palos, como suelen hacerlo). Y pregúntenme a mí si no quisiera sacar los bustos y placas de mil personajes, y poner en su lugar a Maximiliano Kolbe, Hildegarda de Bingen, Ireneo de Lyon, Jerónimo de Estridón... ¿Por qué debo estar feliz de que esa avenida enorme abajo de mi casa se llame Eloy Alfaro y no San Agustín de Hipona, o la autopista de acá arribita Simón Bolívar y no San Francisco de Asís? ¿Alguien me preguntó para poner esos nombres? ¿Saldré a dar golpes para que los cambien?

Entonces:
1) El gobierno de Febres Cordero tuvo enormes errores, pero también hay que entender que se trataba de una época de guerrillas, y estábamos rodeados de ellas: M-19, FARC, Sendero Luminoso...  Se propuso que este país no iba a caer en eso, y logró pararle la mano a los revoltosos de AVC.  Era casi inevitable que se cometan excesos, totalmente injustificables, por supuesto. Pagaron justos por pecadores, como suele pasar.  Eso sí, es claro que ni él mismo (y ni siquiera Robles Plaza) pusieron la pistola en la sien de nadie. La policía se encargó de eso, y pasa en todos los países, hasta los más "civilizados", ayer hoy y siempre. ¿O no?
[N.A.: Yo mismo sentí de manera mínima la represión de ese gobierno: cuando era adolescente (y realmente no tenía la pinta más normal del mundo) fui parado muchas veces en la calle pidiéndome papeles, y preguntándome si soy de aquí, que qué hago... Como tenía todo en regla, y no era tampoco un revolucionario, sino un estudiante, me dejaban ir. Conocidos míos, mayormente poetas, desaparecieron por el simple hecho de estar contra el sistema.]
Aunque muchos lo olvidan, también tengo clara la imagen de LFC sometido en la base de Taura.  Nadie habló de golpe de estado, de intento de magnicidio. Nadie salió llamando al pueblo a defender la democracia.  León firmó lo que le dijeron que firme, le soltaron y (a pesar de haber ofrecido lo contrario) simplemente ordenó que esos insurrectos vayan presos (saliendo pocos meses después gracias a un indulto). Bien podía mandarlos a fusilar (o que mueran torturados), como pasaba en tiempos de Rocafuerte, Alfaro o García Moreno.   Pero esos eran otros tiempos.  Y muchos nos burlamos de él, y nos alegramos por el Taurazo.   No se persiguió a nadie, y la prensa dijo lo que quiso sin que la callen.  Ese fue el gobierno tirano y opresor de León. Obligatorio recordar.

2) Los culpables de esos abusos policiales deberían haber sufrido una justa condena.  Pero, ¿quién lo ha hecho en algún gobierno?  Porque, repito, eso es lo que hace la policía en todo lado y toda época.  Hoy también.  Pero nuestro corazón debe estar en Yambo y eso es lo único que recuerda (o sabe) la gente.

3) Ergo: León Febres Cordero merece el lugar en la historia que se ha ganado: un presidente de su época y lugar, y un guayaquileño que supo ser un gran alcalde para muchos de sus conciudadanos.  No un demonio, no un santo.  Si alguien quiere rendirle homenaje está en todo su derecho.  Igual que al cowboy crecido de Ernesto Guevara.

 4) Si cualquier persona desea dar homenaje de la manera que quiera a quien quiera porque piensa que tiene méritos, cuenta con el apoyo de cierto número de personas (no podemos pedir consenso, ni siquiera mayoría, porque tampoco vamos a convocar a elecciones), y los debidos permisos con respecto al uso del espacio público (por estética, por respeto al entorno y a los ciudadanos...), entonces que lo haga. Esa es la verdadera democracia.


Y este es mi sueño en un mundo perfecto:

a) Que no existan violencia ni torturas, terrorismo ni terror estatal, crímenes de estado ni de los comunes.  Que todo aquel que comete un delito sea justamente penalizado.  No cuatro millones (o cuarenta) por daño moral y nada para la madre que sufre a diario el abandono y la violencia familiar.  No orden de arraigo para el futbolista que fue dejando hijos porque de la noche a la mañana recibió fama y fortuna, pero impunidad total a quien le saca la plata al pueblo para propagandas, relumbrón y pasarela.  Justicia.  Justicia humana, que ya vendrá la Divina, y en esa sí confío y estoy seguro.

b) Que la gente reconozca a quien lo merece por labores realmente heroicas como el misionero católico Pedro Manuel Salado, muerto en Quinindé por salvar a siete niños de ahogarse.  No a un político, de izquierda derecha o centro, porque simplemente hizo algunas cosas externas por aquí y allí.

 c) Que desaparezcan los mitos, los intereses, las componendas, los odios y rencillas fanáticas y fundamentalistas.  Que seamos hermanos y esta sea una patria (o sea, etimológicamente).

d) Que la opinión no se imponga con garrote, ni por decreto o sentencias manipuladas.  Que todos tengamos derecho a decir lo que pensamos, sin necesidad de agredir ni ser agredidos.  Y que todos tengamos derecho a la justa defensa.

En fin, no me interesa que pongan bustos o nombren calles.  El reconocimiento del hombre común hacia el héroe verdadero es el que nos debería importar.  El héroe cuotidiano, la heroína doméstica.  Allá los políticos que pongan o quiten placas, mientras nuestra gente siga construyendo la Patria que todos queremos.  Y para eso debemos comenzar aprendiendo a conversar.  A dialogar, que le llaman.  Ese oficio tan poco practicado aquí y ahora.

sábado 28 de enero de 2012

Eloy Alfaro, la hoguera bárbara y la mitología anticatólica

Hoy se celebra sonadamente el centenario de esa horrenda masacre que significó el asesinato de Eloy Alfaro y cinco de sus coidearios; entre ellos, sus más cercanos colaboradores, dos de ellos parientes del general, destacando su sobrino Flavio, que no siempre pareció fiel a don Eloy.  En este artículo evitaré hablar en lo posible de Política (no siempre lo lograré, pues éste no deja de ser un crimen con muchos tintes políticos, y con innegables consecuencias en este campo desde entonces hasta hoy), y más bien echaré mano de la Historia aunque no soy historiador, para hablar de los aspectos psicológicos, sociológicos e incluso teológicos de tan infame hecho.  Y siempre recordando a George Santayana: «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo».

Aunque en un principio pretendí profundizar más en los aspectos documentales del acontecimiento y de la figura misma de Alfaro, y así lo planeé hace cuatro años cuando inicié su redacción (aupado por los consejos de unas amigas que querían más datos de la verdadera historia del General liberal), hoy cedo ese lugar a los historiadores, principalmente a mi tío Carlos y a mi amigo Francisco Núñez Proaño. El primero, y muy aparte del gran cariño y admiración que le debo, ya ha ocupado merecidamente varias veces un lugar en este humilde blog, mayormente con sus aportes científicos hacia la historicidad de ciertos temas, y de sobra conocerán su currículo.  El segundo, con quien nos une más una afinidad intelectual que nada, ha escrito lúcidos y bien documentados artículos en su bitácora Coterraneus, y les recomiendo sobre todo este, que habla sobre lo que mencionaba.  Aparte, si siguen el enlace que pego aquí en el nombre de su blog, podrán encontrar todo aquello que él ha incluido ahí sobre “el viejo luchador” (entre ellos, artículos que mi tío publicó en el diario La Hora sobre el mito de Alfaro).  Aconsejo su lectura a quienes quieran enterarse de los aspectos históricos del general Alfaro, el alfarismo, la revolución liberal, la hoguera bárbara y hasta la inevitable comparación entre el caudillo liberal radical y Gabriel García Moreno (algo de lo que quizás hable también yo en un futuro artículo).  Aunque no siempre concordaré con su forma (propia de su efusiva juventud, fiel a sus principios), doy total aval a su fondo.  Y, por si esto les resulta poco y hasta tendencioso (no faltará quien lo quiera ver así), dejaré unos enlaces para picotear algo de historia, por aquí y allá.

Ya para darle el vire al tema histórico (al menos como punto principal), debo decir que la motivación última de esta escritura, y como ya lo dije con la cita de Santayana, es hacerle el quite al mito endiosador que busca poner en la memoria de la gente ciertos personajes como dignos de imitar y ejemplos admirables.  Y de este mito participan no tan solo los tan criticados medios de masas o la gente de a pie, sino también incluso historiadores que siempre llevarán sobre su hombro el peso de ceder a las presiones interesadas, sea por cálculo y conveniencia, o por sincera búsqueda de cierto bien colectivo (por ideología o convicción).  Y en estos historiadores se respaldan aquellos que quieren hacer de estos adalides fabricados, héroes de la cultura mainstream, como parte de un plan bien maquinado que no es de este mundo, sino de potestades (aunque eso a algunitos les suene a fanatismo sectario).  Y me explico, para no sonar medio psicótico: ¿cuál es el mínimo común divisor de estos héroes?  El poder.  El poder conseguido por el dinero o la sangre. ¿Qué hace más admirable a Steve Jobs que a Dennis Ritchie, a Thomas Alva Edison que a los hermanos Lumière, a Pat Robertson que a San Maximiliano Kolbe, a Galileo Galilei que a Nicolás de Cusa?  ¿Por qué son tan ampliamente recordados los peleones crónicos como Pancho Villa, el che Guevara, Eloy Alfaro? ¿Qué consigue que personajes como Bill Gates, Donald Trump, Aristóteles Onassis, Luis Noboa Naranjo sean modelos para los niños, y no San Pablo, San Isidoro de Sevilla, Hildegarda de Bingen, San Francisco de Asís, la Beata Teresa de Calcuta? ¿Pelé, Maradona, Cruyff, Messi sobre C.S. Lewis, Chesterton, Ortega y Gasset?  Para mí, la respuesta es simple: al que maneja el Mundo le interesa ídolos de barro que dejen un mensaje claro a la Humanidad: la fuerza, las posesiones materiales, la fama, son valores que debemos buscar.  La sociedad no importa, yo y mi ego somos lo que importamos.

Entonces, conviene decir que Alfaro fue el mejor ecuatoriano, un hombre de virtudes infinitas, un estadista ejemplar, un político altruista y preocupado primero por su pueblo.  Y conviene decir, incluida falsificación de documentos (no puede tener otro nombre el querer cambiar el acta de defunción), que fue la oposición política, conservadora y curuchupa, quien le mató.  Y esto es lo que aquí quiero reflexionar.

¿Por qué es tan importante ocultar que fue el placismo, escudado tras el presidente interino Carlos Freile Zaldumbide (algún parentesco tengo, pero no cercano, por si acaso), quién maquinó el asesinato, luego llevado a límites ignominiosos de arrastre, vejación y hoguera por el populacho enfurecido?  Porque no conviene recordar que Alfaro era odiado incluso por los mismos liberales, tan odiado que ni un gesto humano cabía hacia él.  Y, conociendo también el odio popular hacia ese general que tanto daño había causado, lo puso en manos de la masa.  Y aquí viene un asunto crucial.  En sociología, y lo dice Gustave Le Bon, la masa es “una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo”.  Los fenómenos de masa, desde lo que se conoce como histeria colectiva (cuando una multitud cree ver un fenómeno sobrenatural) hasta las masacres como las de los Mussolini o los Alfaro, responden a esta pérdida de control racional, a este anonimato del individuo dentro del enjambre, a esta sensación de poder ilimitado. Se muestran frecuentemente en el concierto o el estadio.

Una masa no es un grupo de individuos que respondan a motivaciones conscientes. Es más bien como un animal con mil extremidades, que se mueven informes guiadas por una cabeza quizás igual de irracional, pero que en un primer momento tuvo un pensamiento consciente, salvaje sí, pero racional.  El Hombre, así como es capaz de la Capilla Sixtina o la Quinta Sinfonía, es capaz de los campos de concentración o el genocidio de Ruanda.  Entonces, pensar que ese grupo de personas, en Quito el 28 de enero de 1912, estaba consciente de la barbarie que estaba cometiendo es desconocer cómo fuciona la psicología de la masa.  Por otra parte, pensar que esa cabeza que enciende la chispa del fenómeno ha planeado fríamente la reacción masiva, tampoco conoce esa psicología.  Sí, es cierto, tiene que haber una chispa, un catalizador, el botón de encendido.  Pero es algo que no se puede planear.  ¿Cómo puedo poner las condiciones para que la gente común que anda por la calle se adhiera a un macabro hecho sangriento?  Simplemente no puedo, y eso lo saben los liberales que planearon y ejecutaron el magnicidio del 6 de agosto de 1875 (muchos de ellos colaboradores de Alfaro, y uno de ellos incluso fungió de historiador de su vida y muerte), que pretendieron que la plebe secunde sus actos encarnizándose con el moribundo, y muy por el contrario lo protegieron, quisieron salvarlo e incluso rezaron por su vida.  Entonces vemos que, si bien el asesinato de Alfaro y sus seguidores fue muy bien planificado y ejecutado como un crimen de estado, nadie podía planear las vergonzosas y salvajes consecuencias posteriores.  Luego, aunque los libros de historia digan por ahí que el crimen lo cometió el pueblo, azuzado por curuchupas y curas, la realidad es muy diferente.

Hablemos un poco de Eloy Alfaro, bajándolo a la Tierra, del cuasi divino solio en el que lo han puesto luego.  Fue un cholo, hijo de español y mestiza de mayor carga indígena (aunque esto no se sabe a ciencia cierta), que apenas terminó la primaria para dedicarse al negocio de su padre.  Con él hizo fortuna, sobre todo en Panamá (a donde le llevaron sus múltiples autoexilios), tanto que se dice que a él se debe que los sombreros de Montecristi, de paja tojilla, se conozcan en el Mundo como “panama hats” (esto tampoco lo sé a ciencia cierta).  Tal fortuna, que financió a Montalvo durante su exilio en Colombia, protegido por otros liberales (y masones, según se sabe), donde escribió “La dictadura perpetua”, incendiario escrito que se cuenta entre los principales motivadores del asesinato a García Moreno (no por nada, Montalvo mismo dijo “mi pluma lo mató”).  En muchas ocasiones fue protegido y colaboró con Urbina, cuyo único logro reconocido fue la abolición de la esclavitud, que en la práctica ya estaba abolida, y que costó al país millones en “indemnizaciones”, utilizando esos “esclavos” para crear su ejército personal: los temidos “tauras”. Pero ese, como siempre, es otro tema.

Estos datos no pretenden insinuar algún menosprecio estereotipado basado en hechos socioeconómicos, más bien sirve para encuadrar al hombre en su real estatura, en una coyuntura histórica en la cual quienes ostentaban el poder solían ser de familias enroladas y bien conocidas, o militares que se hacían con el sillón presidencial por la fuerza.  Nunca un cholo comerciante, por rico que fuera. ¿Realmente tenía alfaro claras sus ideas políticas?  No lo sé.  Él mismo dijo de Plaza (que debía ser su coideario) que no tenía ideas políticas.  Jung podría explicar esto, yo no lo haré.  Lo cierto es que nunca llegó al poder democráticamente, y cuando alguno de sus coidearios lo hacía (comenzando por el mismo Plaza) no tardaba en querer arranchárselo.  Lo cierto es que entre revuelta y revuelta, muchos miles de ecuatorianos se mataron entre ellos, por un ideal que aún no queda claro; tomemos en cuenta que la mayoría de esas batallas no fueron entre liberales y conservadores como podría pensarse, sino entre bandos liberales.  Lo cierto es que en su anticlericalismo arrasó con las costumbres de un pueblo casi en su totalidad católico. ¿Qué pretendía con todo esto?  En realidad nadie lo sabrá, sino él mismo.  La supuesta reforma del país que tanto proclamó y que aún lo hacen sus admiradores nunca fue tal.

Veamos sólo lo que los mismos admiradores de don Eloy dice, para que veamos cuán falsas son las razones para dicha admiración (aunque poco haga falta recordar, viendo lo que ya escribieron mi tío y el Francisco Núñez):

- El gran logro de Alfaro, para casi todos, es el ferrocarril que unió Costa y Sierra, como argumento que muestra (en un insoportable sofisma) su anhelo de cohesión patriótica y unión del Ecuador.  En realidad, el precursor de la obra del ferrocarril fue el presidente Gabriel García Moreno, quien inició este proyecto después de que la Asamblea Constituyente de 1861 autorizó la contratación para la construcción de la línea férrea.  Ya en 1873 dicho presidente pone al servicio 91 Km de vía en la costa ecuatoriana desde Yaguachi hasta Milagro. Luego, con la muerte de García Moreno, las obras se fueron haciendo más lentas, hasta detenerse.  Alfaro, gracias a un negociado con Hartman, lo continuó, pero haciendo muchos tramos de nuevo y por vías poco técnicas (donde el súmmum del absurdo es lo que consideran los “alfaristas” el mayor logro del ingenio industrial ferroviario: la Nariz del Diablo), destrozando en algunos tramos la carretera que había iniciado quien sí fue precursor de la unión nacional: Pedro Vicente Maldonado.  Incluso se dice que se modificó la ruta para hacer pasar el tren por haciendas de amigos y protectores de Alfaro.  Hartman, un cristiano desinteresado según Alfaro (al final copio un fragmento de un escrito suyo al respecto), terminó siendo el dueño del ferrocarril. Es más, la vía se dio por finalizada recién el 26 de agosto de 1957 con el tramo Quito-San Lorenzo.  Y aún así, por lo poco técnica que siempre fue esta obra, nunca llegó a ser realmente un medio de transporte importante, y fue cayendo en el olvido y el deterioro hasta el presente gobierno que lo está intentando rescatar.

- Implantó el laicismo.  Aquí está el quid del asunto.  Lo que para la mayoría resulta positivo, en realidad no lo fue, al menos en esa época y de la forma en que lo hizo. Me explico: el laicismo no es negativo en sí (ya lo he dicho antes), pero el anticlericalismo sí lo es.  No porque yo sea católico, y ni siquiera porque el 99% de la población ecuatoriana lo haya sido en tiempos de la revolución alfarista, sino porque es un signo de intolerancia, de falta de respeto al diferente, y de negación de algunos de los derechos fundamentales del ser humano (la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad de culto, el libre ejercicio de la vocación...).  Está bien que se haya separado la Iglesia del Estado, un logro que se le atribuye a la Revolución Francesa, pero que fue iniciada con la respuesta de Calixto II a la Querella de las Investiduras, en el Concordato de Worms (1122) ratificado un año después en Letrán. Está bien porque, ni la Iglesia tiene por qué meterse en cosas temporales, ni el Estado debe influir en asuntos espirituales.  Pero una cosa muy distinta es pretender barrer con la influencia de la Iglesia en un pueblo católico, acosando a los practicantes, cohartando las libertades de los creyentes, e incluso persiguiendo y asesinando a quienes defienden su fe.  Y eso precisamente es lo que hizo el alfarismo.
Entonces, implantó “reformas” que lejos de ser productivas iniciaron un lento deterioro del país: las escuelas católicas, que tanto habían hecho por la educación de la gente, debían ser laicas, en manos de intereses personales económicos y políticos; los misioneros que estaban creando patria en el Oriente fueron expulsados, abandonando la Amazonia y dejando campo libre a las pretensiones peruanas en ese territorio; instauró el Registro Civil para poder traer la "progresista" idea del matrimonio civil y la consecuente contraparte: el divorcio.  Resumen: la sociedad inició un resquebrajamiento por la desvalorización del matrimonio y la familia, por la falta de cohesión basada en la religión mayoritaria, por el descuido en el que se dejó la educación.  En este punto, cabe recordar que hizo que muchas instituciones educativas que eran regentadas por la Iglesia, y que fueron creadas por García Moreno (que consideraba que la educación era la base del progreso), pasen a ser “refundadas” por el laicismo liberal, cayendo poco a poco en el descuido y el olvido.

- Luego, y que no sería poco, es considerado el pionero en los derechos de la mujer, en la igualdad de todos los ciudadanos, en la democracia, en la mejora de las condiciones de los indígenas.  Dice en el museo Eloy Alfaro que “fue un presidente transformador; luchó por el cambio social, político, cultural y económico de nuestro país; abrió hitos en la democracia de nuestro país; admirado dentro y fuera del Ecuador por sus ideales revolucionarios radicales”...  La realidad es que poco de esto se puede constatar.  La igualdad del hombre y la mujer no pudo ser dada por decreto, y en la ley era aceptada desde hace mucho, si bien no en la práctica (por ejemplo, el derecho a voto no le estaba negado, pero no fue explícitamente reconocido hasta 1920).  Alfaro, que se tenga prueba documental, no hizo nada por cambiar esto.  Tampoco en lo de los indígenas, ni en ninguna otra igualdad: siempre favoreció a sus amigos y coidearios, en detrimento de cualquiera que esté en contra. ¿Democracia? ¿Quien dijo “no podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles”? ¿Quien nunca fue capaz de acceder al poder por voto popular, y nunca reconoció una elección en las urnas? ¿Quien convocó Asambleas cuando no estaba de acuerdo con la Constitución de turno? ¡Por favor!

Después de haber considerado de esta manera el perfil de Eloy Alfaro, no son ni suficientes ni necesarias las supuestas arengas desde púlpitos y periódicos, las haya habido o no.  Primero, me resulta difícil creer que los sacerdotes hayan dejado de lado, en pleno siglo XX, el cumplimiento del quinto mandamiento para inducir al asesinato y la barbarie.  Segundo, si algo hubo fue lo que hasta hoy critican los anti católicos: la expresión de la opinión como ciudadano de un sacerdote que debe defender, primero y ante todo, la doctrina que sigue; y es muy probable que esta opinión sea similar a la que ahora produce Correa, un llamado de atención a que el cristiano no sea parte de ciertas prácticas estatales que poco tienen que ver con sus principios fundamentales. Y en esto se llega incluso al admirado (no sólo por católicos) Arzobispo Federico González Suárez, diciendo que no sólo no hizo nada por impedir el vil hecho, sino que lo secundó.  Nada más lejano de la verdad: González Suárez salió a intentar apaciguar al pueblo enardecido, pero poco fue lo que pudo hacer.  Y los únicos que se dignaron recoger los restos de los alfaristas ultrajados fueron clérigos franciscanos que buscaron darles santa sepultura, aun ante la prohibición de las autoridades civiles, a escondidas.  Eso está debidamente documentado, no así los chismes de alcoba que dan lugar a la culpabilización del clero de la época.  Igual con los medios: el único periódico que no hizo eco de la animadversión contra el ya derrotado Alfaro fue precisamente el periódico conservador El Ecuatoriano. Porque a pesar de que el maniqueísmo izquierda-derecha hoy vea al diario El Comercio como un medio conservador, siempre fue un periódico liberal, y como tal actuó junto al resto de la prensa liberal que pedía la cabeza del general Alfaro.


Entonces, para ponerlo claro: a Alfaro lo mató el odio de los coidearios con los que permaneció enemistado, simplemente porque no siempre le dieron el lugar de caudillo que el creía merecer.  Plaza, a través del presidente Freile, y éste por medio de sus ministros y sus subalternos, ejecutó el bien urdido plan para acabar con esa pulga en su oreja.  Fueron cocheros, policías, encargados, los autores materiales del despiadado crimen.  Luego, y con todo el desprecio de seres inhumanos ante los depositarios de su odio, los pusieron en manos de la masa impersonal, azuzada por los rencores guardados de años de luchas intestinas y persecuciones, para que terminen su vil acto.  Y así, un grupo de hombres, víctimas de sus propias debilidades y de los resentimientos personales, terminaron como no debería terminar nadie, por bajo que haya sido.  Como animales en camal.  Nada de esto podía haberse planeado, por negras que hayan sido las intenciones políticas.  Y sin embargo, nada más lejano del pretendido crimen de oligarquías conservadoras y curuchupas, y del clero enfurecido.  Una acotación más a esto último: los sacerdotes respondieron al anticlericalismo de Alfaro con meditaciones y oraciones, y con la Dolorosa del Colegio (eso suponiendo que el portento de 1906 no fue realmente un milagro).  No necesitaban más.  Así que de martirio, nada; para que haya un martirio se necesita morir por alguien, por una idea, por una causa; en fin, por algo superior.  No por haber sembrado odio y rencor, incluso entre los coidearios.


En resumen, no me molesta que las personas admiren a tal o cual personaje, histórico o actual, por las razones que sean.  Pero que estas razones sean una manipulación más que sólo tenga un punto clave (el odio a la religión católica) me molesta en las entrañas.  Porque Alfaro es, históricamente, un guerrillero, un tirano, un conculcador de los derechos civiles.  Pero, más aún, es reconocido líder de una revolución que lleva siglos, pero que nunca ganará: la revolución anticlerical.

Apuntes del Ferrocarril*
Al partido que yo he tenido la honra de acaudillar, le ha tocado una época de reformas que hemos llevado adelante, amparados por la Equidad y la Justicia siempre. En otras naciones, pero de épocas reciente aún, las reformas religiosas se han verificado a sangre y fuego; mientras que los Liberales ecuatorianos hemos realizado dichas reformas con la mayor cortesía y humanidad.
Vencidos nuestros fanáticos adversarios, reaccionaban constantemente, ayudados por sus cofrades de las naciones vecinas. En 1898, hasta llegó a realizarse una colecta considerable en el Continente, con cuyo auxilio llevaron a cabo la santa cruzada que terminó con la derrota que sufrieron en las faldas del Chimborazo.
Para nuestros católicos, no era el mismo Dios, el “God” de los ingleses, el “Allah” de los turcos, o el “Dieu” de los franceses. Hasta el año de 1895, sobraban dedos de la mano para contar el número de residentes europeos en Quito, porque a todos se les miraba como herejes, y si no confesaban y oían misa frecuentemente, estaban expuestos a recibir una cariñosa apedreada en las calles, o por lo menos oír insultos y provocaciones insulsas. Tales son los enemigos del ferrocarril en el Ecuador.
Don Archer Harman profesaba la religión Protestante, circunstancia que lo presentaba como persona inaceptable, bajo ningún concepto, para los fanáticos católicos. Era don Archer un caballero cumplido en la extensión de la palabra: trabajador, activo, generoso, franco y jovial en su trato social.
Contrariedades y disgustos no faltaron como sucede siempre en toda grande empresa. Yo sólo tengo motivo de consideración y aprecio por la memoria del señor Archer Harman, en recuerdo de su porte honrado, inteligente y leal. En conciencia declaro que sin el auxilio personal de don Archer Harman, jamás habría podido realizar la obra del Ferrocarril Trasandino del Ecuador, como al fin se realizó, venciendo dificultades casi increíbles.
Estoy seguro que, cuando los habitantes del Ecuador se convenzan del honrado proceder observado por don Archer Harman, en la obra del ferrocarril, como homenaje en gratitud le elevarán una hermosa estatua en una de las cumbres de los Andes, en la vía férrea, que eternice a la vista del viajero, los esfuerzos de un hombre digno de ese recuerdo y del pueblo agradecido que la erigiera.
Termino estos breves apuntes, significando mi profundo pesar por la pérdida de esta vida del excelente amigo y buen obrero auxiliar del progreso material del Ecuador, rogando al Todopoderoso prodigue su mirada misericordiosa en favor del Espíritu del que fue Archer Harman. Por mi parte ¡honra a su memoria!”
* De “La Historia del Ferrocarril del Ecuador” escrito por Eloy Alfaro Delgado en Panamá en 1911. Recopilación histórica de Héctor Villagrán en El Nuevo Empresario.
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jueves 29 de diciembre de 2011

Música... ¿qué es música?

Habiendo participado en un debate en el feisbuc que comenzó hablando del “apoyo” al artista nacional (que debería más bien ser filtrado con criterios de calidad) y terminó en cosas como lo que se considera música (o más aún buena música), habiendo pasado por valoraciones individuales de artistas y géneros y otras cosas más; me he soltado en una no-tan-rara-en-mí perorata. Este es un tema que he venido discutiendo desde mi adolescencia, así que lo dejo aquí plasmado, para quien le sirva.

En realidad, se debe separar la opinión personal del consenso de los expertos (aunque no suele haber un consenso, sino tendencias). Por eso mis preguntas: ¿qué es buena música, qué es buen gusto, qué es agradable al oído y al espíritu, agradable para quién o según quiénes? Es diferente a preguntar qué es música, pues este concepto se puede reducir al conjunto de sonidos organizados estéticamente para producir una impresión en el oyente. Ciertamente, se pueden elaborar diversas definiciones, pero sería injusto que éstas estén influidas por el gusto o la moda de una persona o un grupo social. Por eso en este concepto se distinguen tres ideas claves, que distinguen a la música de cualquier otra emisión sonora, evitando otras discriminaciones:
  1. Conjunto de sonidos: música no es una sartén, o una figura de colores, o cualquier otra cosa concreta o entidad abstracta. No es tampoco un solo sonido. Y, conviene aclarar, el ruido también entra dentro de la definición de sonido.  Y para distinguir el sonido necesitamos el silencio.
  2. Organizados estéticamente: esto implica la intervención humana, pues en la naturaleza también se combinan sonidos, que aunque poéticamente se pueda llamarlos música, no lo son (la música de las hojas en otoño, la música del río...). Y, estéticamente (hay que recordar) no quiere decir que sea necesariamente agradable, pues lo que para un individuo o una cultura resulta agradable, para otros no lo es. Y esto va ligado a lo siguiente.
  3. Para producir una impresión en el oyente: esta es la finalidad fundamental, y de la cual se desprende cualquier otra. Esa impresión puede provocar al baile, a la risa, a la compra de un producto, a la alegría, a la tristeza, a la meditación, etc., etc., etc. Puede ser agradable o desagradable. Lo importante es que yo -como músico- quiero expresar algo al otro, y esto puede ser lo más sublime o lo más prosaico.

Con esto en mente, uno no puede decir que música es únicamente aquello que consideramos yo o la época o el lugar en que vivo o el gremio al que pertenezco. A lo largo de la Historia y los lugares, la música ha tenido diversos conceptos, que ni siquiera pueden ser definidos con la primera acepción del DRAE: “melodía, ritmo y armonía, combinados”, pues la música más primitiva carece de alguno de esos elementos, o incluso se reduce a uno; es más, en sentido estricto la armonía es una invención occidental bastante reciente (de la Edad Media). Peor aún incluir connotaciones personales como deleite o recreación, pues lo que a uno deleita, a otro molesta. Y en esto no hay excepciones, ni siquiera la música mal llamada clásica (la parte por el todo), que suele ser considerada la música “mejor hecha”. He conocido a cientos de personas que no sólo no les gusta la música académica, sino que la odian. Nunca olvidaré que una pariente mía dijo una vez que “la música clásica es para antipáticos”.

La libertad está en los gustos, no en los conceptos; la eterna dualidad entre absoluto y relativo. Yo soy libre de decir que me gustan Los Iracundos, pero no puedo imponer el concepto de que eso “sí es música”; así como me parece soporífera la música de Pat Metheny pero sería osado decir que el tipo no vale para nada. Esa es la gran diferencia.

Los gustos sirven para guiar a cada individuo. No más. Y mientras una persona es más cultivada (en cualquier campo) echa por tierra los estereotipos y se abre a la capacidad de disfrutar con más cosas. No quiere decir que necesariamente a uno le va a gustar todo. Pero puede apreciar la intención estética en todo, que es diferente. Por eso, cuando uno estudia música tiene una materia que se llama Apreciación musical. Ella nos da parámetros para entender qué está pasando en determinada obra musical, y cuando uno entiende conoce mejor, y nadie puede amar lo que no conoce, es sabido. O sea, uno debe aprender a escuchar.  Y eso no solo se trata del oído, sino de la mente.

La percepción es algo totalmente individual, y eso también influye en los gustos.  De todas maneras, en la percepción no intervienen únicamente elementos psicológicos, sino también fisiológicos. Por ejemplo, conozco a personas que aborrecen cierto tipo de música porque tienen algún impedimento auditivo, como un señor que tiene un pitido crónico, y que (seguramente cuestión de armónicos) no soporta la música con bajos muy potentes. En términos de percepción, existe una gama infinita entre la sordera absoluta y la sinestesia. Cuando Ludwig van se quedó totalmente sordo, comenzó a hacer una música mucho más racionalizada, más innovadora, que dicen muchos críticos que no hubiese escrito de haber podido escuchar lo que escribía. Scriabin, mientras tanto, era capaz de ver colores cuando oía notas musicales, y es indudable que su música atonal se vio influida por esa capacidad sinestésica.

Muchas veces he discutido cuando alguien dice que sólo oye buena música. ¿Quién lo erigió como autoridad en estética musical? Siempre he pensado que si sólo lo que a mí me gusta es “buena música”, entonces mucha gente hace, interpreta, y consume mala música. Si hay un solo individuo que consuma ese tipo de música que yo considero mala, entonces para él es buena, y no podría juzgar esa categorización como él no podría juzgar la mía. Para mí, la música que vale la pena es la música honesta; es decir, aquella que cumple el objetivo del Arte en general: transmitir sentimientos. Y los sentimientos no son necesariamente agradables. Pero si el único objetivo de una pieza musical es vender, entonces tengo mis reparos. Aunque su calidad sea impecable. ¿Puedo negar la calidad instrumental o de edición y 'masterización' de los éxitos de los ídolos de la juventud? ¿Puedo negar que cumplen su cometido, y de que están hechos para ser pegadizos? Y sin embargo, me parecen horribles. Pero no puedo denigrarlos diciendo que es “mala música”, o -peor aún- que no es música.

Por esto, no creo que existan absolutos en “lo bueno y lo malo” en música, aunque quizás sí entre lo que está bien hecho y lo que está mal hecho. Depende siempre -sin embargo- de ciertos parámetros que mucho tienen que ver con lo que se oye en una época o en un sitio. Muchos pueden oír a un habitante del páramo ecuatoriano y decir que desafina al cantar y que su guitarra está destemplada. Cuando un etnomusicólogo nos explica que se trata simplemente de una afinación diferente, alejada de la temperación occidental, lo volvemos a pensar.  O al menos deberíamos.

Pero muy aparte de cultura y mercado, hay lo que podemos llamar calidad, y ella tiene que ver con otros asuntos, más técnicos que subjetivos. Y eso es otro cuento. Sin embargo, siempre hago una comparación culinaria al respecto: la música ligera es como la fast food, la música académica es como la haute cuisine, y en el medio hay una variedad enorme de música y de gastronomía. A mí me disgusta la comida rápida, pero cuando toca, toca; sé que no me alimenta demasiado, pero me llena la panza y me da energía. Ojalá pudiera vivir de cocina de chef, pero la economía no da. Sin embargo, ahí mismo hay platos que no me gustan, y que otros adoran. ¿Puedo decir que están mal hechos porque no me gustan, o que como me gustan están bien hechos?  He ahí la abismal distancia entre calidad y gusto, entre lo que es bueno y lo que me parece bueno, entre... el huevo y la gallina.

domingo 25 de diciembre de 2011

Preparados, gozosos

Este milagro nuevo no es imposible a condición de que sea deseado y esperado. El día en que no sientas un punto de amargura y de envidia ante el gozo del enemigo o del amigo, alégrate porque es signo de que el nacimiento está próximo... El día en que sientas la necesidad de llevar un poco de alegría a quien está triste y el impulso de aliviar el dolor o la miseria incluso de una sola criatura, estate contento porque la llegada de Dios es inminente. Y si un día eres golpeado y perseguido por la desventura y pierdes salud y fuerza, hijos y amigos y tienes que soportar la torpeza, la malignidad y el frío de los cercanos y lejanos, pero a pesar de todo no te abandonas a lamentos ni blasfemias y aceptas con ánimo sereno tu destino, exulta y triunfa porque el portento que parecía imposible ha sucedido y el Salvador ya ha nacido en tu corazón.
- Giovanni Pappini (escritor italiano converso)

Es su cumpleaños. ¿Cuántos nos acordamos de él? Perdidos entre el tráfico y las compras, nos hemos dejado convencer de que “el verdadero sentido de la Navidad es compartir”. ¿No nos damos cuenta de que al decir ‘compartir’ nos están insinuando ‘comprar regalos’? El verdadero sentido de la Navidad es que “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn.3:16). Porque hace dos siglos y algo más de una década Dios se encarnó en un humilde ser humano, como nosotros, para traernos la alegría, una alegría incomparable y que no se da ni se vende. Personal e intransferible. La alegría de sabernos hijos mimados de Dios, para siempre.

¿Qué celebran aquellos que no saben esto, que no entienden esto, que no creen en esto, que –incluso- están en contra de esto? La Navidad no es un festejo comercial inventado como el día del niño o el de la secretaria. Es una fiesta solemne enraizada en cerca de dos mil años de tradición cristiana (aunque la fecha pueda haber ido cambiando), una de las dos principales celebraciones que tenemos los católicos, junto con la Pascua de Resurrección. En los países “desarrollados” o “progresistas” se insiste en dejar de llamar a la Navidad por su nombre y celebrar una festividad edulcorada, por respeto a la diversidad. ¿Y quién respeta nuestro misticismo? ¿Qué ‘natividad’ celebran? Podrían decirme, ¿cuántos de ustedes festejan el 7 de junio? Sólo nosotros, los que nacimos un 7 de junio y quienes nos conocen y nos quieren bien. ¿Qué sentido tendría entonces para quien no me conoce festejar mi cumpleaños? Es lo que pasa con quienes, sin conocerlo, celebran el cumpleaños de Jesucristo. No por nada, la Historia se ha partido en dos desde ese acontecimiento.

Pero si ellos no le conocen, no es culpa sólo de ellos.  Es culpa nuestra.  Muchas veces, entrampados en lo urgente, descuidamos lo importante.  Cumplimos compromisos a los que nos invitan, hacemos favores menores, damos pequeños regalos de aprecio.  Pero, ¿hemos cambiado la vida de alguien?  ¿Hemos ido por el mundo predicando el Evangelio?  ¿Hemos demostrado el amor que Dios nos tiene?  Tal vez de alguna manera, porque Dios tiene caminos increíbles y sorprendentes.  Sin embargo, será porque el amor de Dios ha suplido el nuestro, y eso no es ni sorprendente ni increíble.  El Señor nos ha dado talentos, ¿los estamos multiplicando?  ¿O hacemos como el siervo malo y perezoso, y escondemos nuestro talento con miedo?  Vamos cantando alegres villancicos, aunque ¿podremos como el sencillo tamborilero regalarle a Dios mismo nuestro canto?

Es por todo esto que hay muchas cosas que me molestan de la Navidad, tal y como hoy se celebra. Nuestra intención es festejar este nacimiento día a día, de ser posible. Como seres humanos, muchas veces nos olvidamos, y actuamos como no queremos actuar (recordemos Romanos 7), pero esa es al menos la intención. Y entonces me pudre ver cómo, con un pretexto tan santo como festejar a nuestro Salvador, la gente se vuelve agresiva por el mercantilismo “navideño”, y muchas veces únicamente por quedar bien. ¿Qué pensará Cristo al vernos festejar su día de esta manera?

La intención con estas palabras (detrás de la crítica) es desearles una feliz Natividad cristiana. Que quienes no le conocen al Dios hecho Hombre le lleguen a conocer (no sólo de oídas), y debemos sentir que esa es nuestra primera misión. Y sólo entonces –es mi opinión- podremos festejar los 25 de Diciembre como se debe, como hermanos que celebran una fiesta familiar.  Preparados, gozosos.

¡Vengan a compartir con nosotros esta alegría!

viernes 25 de noviembre de 2011

Qui suis-je?

[Nota previa:  Escribí estos versos hace casi nueve años y se los envié a mis contactos como regalo de año nuevo.  Tal vez algunas cosas cambiaron, y habría que aumentar algunas líneas (máxime por mi conversión al catolicismo).  No es la idea.  No me interesa, tampoco, tratar de mejorar su ortografía o su redacción, que algunos errores tiene.  No quiero, en fin, procurar una obra perfecta (empresa imposible, por otra parte), sino más bien dejar aquí una idea de cómo me veo en el espejo, que es a la larga una manera de ver al ser humano también.  Lo que sí hice es darme el tiempo de añadir enlaces, por si no queda claro algún nombre propio.  Ah, y corregir el título, porque ese francés mío de esa época sí era imperdonable.  Gracias por su tiempo.]


Qui suis-je?
Yo nací con el Loco Velasco
sentado en la que ya era su silla,
y antes de poder darme cuenta                        (igual que el Loco)
estaba creciendo entre dictasuaves.
Ya no viví en una república bananera
como mis padres
sino en una colonia petrolera
que trataba de vivir como los conquistadores
copiándoles las costumbres
                       los ídolos
                        las modas
         y hasta el idioma.

Mientras iba madurando me trajeron doctrinas e ideologías
de las cuales sólo me queda una:
la del hijo del carpintero que limpió nuestras culpas en una cruz.
Supe que era ecuatoriano antes de saber que era quiteño
(seguramente por los ancestros riobambeños)
y que soy ser humano antes de entender de banderas.
Me di cuenta de lo que significaba ser de la "clase media alta"
después de haber tenido amigos de todas las clases,
aprendí que 'longo' era un insulto luego de entender
que en quichua significaba adolescente,
y tuve que reaprender esa palabra.
Vi camellos pasar por el ojo de las agujas
porque conocí ricos que piensan primero en su prójimo,
y también vi pobres que difícilmente son dueños del Reino de los Cielos.
Tuve amigos negros, cholos, indios, monos, manabas,
terratenientes, empresarios, de buena y mala familia,
colombianos, chilenos, argentinos y uruguayos
y a todos los quise por su corazón
y no por su sangre, su billetera o su bandera.

Entonces me hacen la pregunta:
quién soy yo?
Soy pedrito, músico cristiano,
pésele a quien le pese,
soy un hijo de Dios y por tanto de la vida,
defensor del Amor                                                 (sobrenombre de Dios)
defensor de mi hermano.
Soy quiteño con sangre riobambeña,
soy ecuatoriano y por lo tanto latinoamericano,
pero sobre todo soy un ser humano.
Soy mestizo porque el mundo entero es mestizo
hijos de la Eva que se levantó en África,
pero puse que soy blanco en el censo
porque así me consideran los demás.

Pero sobre todo soy pecador
redimido por la sangre del Cordero,
corrompible pero no corrupto,
no perfecto pero perfectible,
ignorante como Sócrates.
Un hombre de treinta y pico
viejo para unos, joven para otros,
pequeño para unos, alto para otros,
guapo para unas, feo para otros,
inteligente para unos, sabiondo para otros.

Y deudor, deudor moroso de a deuda incobrable,
deudor de Dios primerito, tratando de multiplicar talentos,
deudor de su Hijo, no existen palabras,
deudor de mis padres, de ADN y valores y mil cosas inefables,
deudor de mis abuelas, con sus corazones inmensos,
deudor de mis abuelos, con tanta música, memoria y ciencia,
deudor de un par de tres tíos -y tías-, mejor que no los nombre,    (se me resentirían)
deudor de mi familia, enterita y desgranada,
deudor de mis amigos, los que se fueron y los que siguen,            (aunque sea escondidos)
deudor de mi mujer, de mi amiga y mi compañera de aventuras,
culpable de bajarme a la tierra y subirme a los cielos.

Deudor -de otra manera- de Pablo de Tarso,
de San Agustín de Hiponia y el hermano Francisco de Asís,
de Benedetti y Cortázar, de Ludwig van y Truffaut,
los cuatro evangelistas, Pablo Palacio y Luther King,
de Vittorio de Sica y Johann Sebastian, de García Lorca y Oscar Wilde,
de Saint-Exupéry y Borges, Luis H. y Carpentier,
Camilo Egas y W.Eugene Smith, Sebastião Salgado y Van Gogh,
Gaugin y Chagall, Kurosawa y Kubrick, Rimbaud y Desmond Morris,
Carl Sagan y Herman Hesse, Carrera Andrade y "el Fakir",
Jorge Enrique Adoum y "Avida dollars", Tenessee Williams y Khalil Gibran,
Caloi y Quino, Uderzo y Goscinny, Roger Waters y Alan Parker,
Gandhi y la Madre Teresa, Franz Kafka y César Vallejo,
Piazzolla y Woody Allen, Stanilsavski y Bruce Lee,
Hans Christian Andersen y los hermanos Grimm,
Gaudí, Lewis Carrol, Fito y J.M.Barrie,
Huxley y Verne, Burgess y Orwell, y tantos escritores de ciencia ficción,
de Lennon, Lebón, Calamaro y Sabina, del Pancho Prado y el Charly de antaño,
y de otros tantos que de alguna manera
mal o bien han cambiado mi vida.                                (siempre me olvidaré de más de uno)

Eternamente utópico
siempre aconsejando, siempre opinando, siempre criticando,
pero disfrutando de la vida
porque el vaso está permanentemente medio lleno
y Dios me ha colmado de regalos.

"Yo sé que a nadie
le interesa
lo de otra gente
con sus tristezas"

decía Silvio Rodríguez.
Y la verdad es que nadie ha salido a ver
qué pasa afuera de su cuarto,
sólo ven la ceniza, el asesinato, el pillaje, la mentira
porque el césped siempre es más verde en el patio del vecino.

Perdón por tanta línea
perdón por tanto yo
pero sé que en algún lado de la vida
quedará colgado este poema
como esos afiches que quedan en alguna pared, en algún poste
ya medios destruidos ya medios escondidos por otros
y algún corazón desocupado
lo verá y recordará algo
más como una sensación de algo que ya no recuerda.

viernes 11 de noviembre de 2011

11-11-11 o cómo hacer de una fecha arbitraria un trampolín

En realidad, decir que hoy es un día especial es bastante obvio, aunque no por esto deja de tener algo de antojadizo.  Es especial, porque tanta repetición de unos no se da, sino un 11 de noviembre cada siglo.  En sentido estricto, el único 11 del 11 del 11 se dio en el siglo I; cuando Cristo era apenas un adolescente y él ni siquiera se enteró.  También, un milenio y un siglo después hubo una fecha más interesante aún: el 11 de noviembre de 1111; me imagino que muchos milenaristas habrán surgido prediciendo el fin del mundo, igual que hoy.  De todas formas, todo esto no deja de ser arbitrario, pues el calendario gregoriano no ha sido universal siempre y en todo lugar, si bien es el que se usa de manera global para señalar las fechas.  El calendario persa (que dicen que resulta más exacto que el nuestro), el musulmán o el chino, todavía son usados.

Además, el sistema de tiempo gregoriano es una convención realizada basándose en cálculos astronómicos y matemáticos, por la Comisión del Calendario, instituida por Gregorio XIII en la que destacan Cristóbal Clavio y Luis Lilio; gracias a los arreglos que dicha comisión hizo al anterior calendario calculado por Dionisio el Exiguo en el siglo VI para ajustarlo más al calendario solar real, hay días que nunca existirán: a la noche del 4 de octubre de 1582 (Santa Teresa de Jesús murió esa noche) le siguió el 15 de octubre de 1582. Y ese cambio no ocurrió en todo el mundo, ni siquiera en el mundo cristiano; por ejemplo, en  estas tierras que eran parte del Virreinato del Perú, junto con el resto de posesiones americanas pasó lo mismo, en las mismas fechas, pero un año después.  Así, el calendario juliano, que se inicia con la fundación de Roma, y que lleva su nombre pues fue instituido por Julio César en lo que para nosotros es el año 46 a.C., en el año 607 cambió su fecha central de aquel mítico acontecimiento a uno más importante y real: el nacimiento de Jesucristo.  El papa Bonifacio IV, basado en los cálculos del monje rumano Dionisio determinó que el calendario cristiano se siga basando en el juliano (que a su vez se inspiró en el egipcio, el primer calendario solar), pero quedando como año 1 el año 753 ab urbe condita (no está por demás anotar que Dionisio se equivocó en su cálculo entre 4 y 6 años).  Todo esto, simplemente para ver que este desbarajuste de fechas dan como resultado un pensamiento: las fechas no dejarán de ser una convención antojadiza. Volviendo al ejemplo del 11 de noviembre del año 11, Jesús nunca supo de lo única que era esta fecha, pues utilizaba el calendario hebreo (lunar), y para los asuntos oficiales el calendario juliano, del Imperio.  Nuestro calendario aún se iba a inventar dentro de algunos siglos.

De todas maneras, quiero unir estas dos ideas aparentemente contradictorias en una, que ya de alguna manera he topado antes aquí y acá: una fecha no es nada per se, pero puede serlo todo.  En otro 11-11-11, Cartagena de Indias se independizó de España; un siglo después, nacía Roberto Matta. Muchas otras cosas han sucedido un 11 de noviembre, aunque no del 11: se inicia el Concilio de Letrán (1215), se firma el Tratado de Granada (1500), los primeros misioneros salesianos parten desde Turín hacia Sudamérica (1875).  Nacen Paracelso, Víctor Manuel III y Stanley Tucci.  Mueren el papa Silverio, Justiniano I y Pedro III.  Celebramos la Emancipación Política de Riobamba (1820), el fin de la Primera Gran Guerra (1919, y que fue la primera vez que se guardó un minuto de silencio por sus víctimas, que en realidad fueron dos) y a San Martín de Tours.  En fin, muchas cosas pasan para mal y para bien, sin importar la fecha.

Así que, aprovechemos lo arbitrario de este día para hacer de él un trampolín hacia una vida más plena, más generosa, más provechosa.  Hagamos de esta fecha con tantos unos algo para recordar como el primer día de algo.

domingo 25 de septiembre de 2011

Lo cuotidiano

Ayer leí una frase que había colgado en el Facebook mi amigo Luchín Gutiérrez.  Decía algo así: "un mismo día desde el punto de vista de cada distinto individuo puede ser bueno, malo, feliz, con trabajo, con amor o sin él..." (perdón por ponerlo en mis palabras).  Un mismo día.  Hoy, domingo 25 de septiembre de 2011, para uno será un día como otro, para otro será EL día.  Unos lo pasarán en una cárcel, en un hospital, en la soledad de un orfanato o un ancianato.  Otros la pasarán en el fútbol, en una fiesta, en una parrillada familiar.  Unos tratarán de dedicarle el día a Dios y a la familia, otros lo pasarán durmiendo, comiendo y bebiendo.  El mismo único día.

Al fin y al cabo, ¿qué es un día?  Una vuelta completa de la Tierra sobre su eje.  Pero en realidad es una convención que se acerca a los 86.400 segundos, un promedio de los días solares verdaderos, que varían (hasta en 15 minutos) según la época del año a causa de la excentricidad de la órbita terrestre y la oblicuidad de la eclíptica.  Si queremos complicar más las cosas, también podemos hablar del día sideral, el lapso de tiempo entre dos culminaciones sucesivas de una estrella en el meridiano local, y que dura aproximadamente 23 horas, 56 minutos y 4 segundos.  Pero en términos prácticos, el día es la forma más básica que ha tenido el ser humano desde el albor de los tiempos para medir su vida.  Un día ocurre entre la salida del sol de hoy y la del día siguiente, o -según la sociedad en cuestión- entre la puesta del sol y la del otro día.  O, como estamos acostumbrados, entre el primer nanosegundo después de la medianoche y la siguiente medianoche.  En definitiva, es un espacio de tiempo en el que llevamos a cabo nuestras tareas cuotidianas.

Yo uso deliberadamente  la palabra 'cuotidiano', aunque la Real Academia Española recomiende usar 'cotidiano', pues la anterior está en desuso.  Pero tengo cierto escozor de que me obliguen a adaptarme a las incapacidades fonéticas de "la mayoría" de hablantes.  Como ya he dicho (y algún rato expondré in extenso), desconfío de esas "democracias".  Psicología, pterodáctilo, septiembre... palabras menospreciadas.  Cuotidiano, como cota (que ha terminado distinguiéndose de 'cuota'), o cotizar, tienen un origen latino que queda ensombrecido al perder la u.  Quotus, cuanto, expresa una cantidad.  A propósito, aunque medio de lado, el valor interrogativo de este vocablo va desapareciendo en nuestro idioma, sustituido por un falso anglicismo: "qué tanto", o "qué tan" (en lugar de 'cuán'). Si hacemos una traducción un poco laxa, pero gráfica, de la palabra 'cuotidiano', diremos que es cuanto ocurre en un día.  El diccionario nos dice que significa 'diario', es decir, lo que corresponde al día.  Esto puede llevarnos a sentidos que devienen hasta vulgares, comunes, corrientes, ordinarios.  Pero, muchas veces no hay nada menos consuetudinario y rutinario que lo cuotidiano.

Lo cuotidiano puede, a veces, ser milagroso, maravilloso.  Como cuando un día cualquiera un André Frossard ateo entra en una iglesia a buscar a un amigo que se demora, y sale convertido en católico.  O cuando Cristóbal Colón en las islas Madeira encuentra al misterioso náufrago que lo convence de que existe una tierra allende los mares (Cipango y Catay... o Guanahani).  O cuando Fleming estornudó un buen día sobre sus cultivos en cajas petri, descubriendo más tarde la lisozima.  O cuando el Cristo de San Damián le habló a Francisco para que restaure su iglesia (¿o era "su Iglesia"?).  O cuando la barra de chocolate se le derritió en el bolsillo a Percy Spencer ante la exposición a un magnetrón, dándole la idea para el horno microondas.  O cuando la mamá de doña Clemen, antes de morir en labor de parto, le pide a Santa Teresita del Niño Jesús que su hija se salve, y madre e hija sobreviven y Dios le regala a la niña un don de sabiduría que iluminará a quienes hemos tenido la suerte de conocerla.

Pero lo cuotidiano, comúnmente, es bastante común.  Es despertarse y ponerse los pantalones (de eso habló, me parece, Vallejo), bañarse y desayunar, salir al trabajo, acostarse a dormir.  Sin embargo, lo que para mí es cuotidiano, para otro no lo será tanto.  En el Amazonas, muchos seres humanos no se ponen pantalones, y es seguro que en Somalia pocos tienen el privilegio de tomar un desayuno, y qué le puedo decir al desempleado del Guasmo lo que es salir a tu rutinaria labor.  Y ellos tendrán otras cuotidianidades.  Cuotidianidades que, sin duda, me sobrepasan.  Y es entonces donde reflexiono.

Lo cuotidiano, ¿debe ser tomado como rutinario, como corriente y común?  No.  Todos los días son un milagro.  Todos los días recibimos bendiciones enormes que la mayoría de veces damos por descontadas: la comida, el vestido, el cobijo, el empleo... el amor de la familia y de los amigos.  El abrazo de mi hija cuando llego a la casa, y la risa de mi esposa cuando bromeo sobre las cuotidianidades televisivas.  La oración diaria y nunca suficiente.  La lluvia y el sol, y el canto del pájaro y el aleteo de la mariposa.  Las abejas que me recuerdan a mi papi y a Santa Rita.  En fin, la vida.

Lo cuotidiano es, cada minuto, algo que agradezco a Dios.